lunes, 30 de enero de 2017

¿Sabes qué relación existe entre calorías “vacías”, obesidad y diabetes? Todo sobre el nuevo impuesto a las bebidas azucaradas.

Tras unas semanas de intenso trabajo en nuestros respectivos laboratorios, finalmente os traemos nuestro siguiente post en el que vamos a tratar de manera delicada un tema de rigurosa actualidad, del que todos hemos oído hablar en los medios de comunicación y que suscitó cierto interés en las encuestas que realizamos en nuestras redes sociales: el impuesto sobre las bebidas azucaradas. Introduciremos la prevalencia mundial de, por un lado, las conocidas como enfermedades no transmisibles y, por otro lado, del sobrepeso y la obesidad como potenciales factores de riesgo de padecer alguna de estas patologías; analizaremos los procesos metabólicos que relacionan el consumo excesivo de azúcar con un incremento en el riesgo de padecer sobrepeso, obesidad y/o diabetes; finalmente, entraremos en detalle acerca del porqué de este impuesto, qué es lo que pretende conseguir, qué países ya lo han establecido y el estado actual de la propuesta en nuestro país.

¡No os lo perdáis!

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¿Qué son las “enfermedades no transmisibles” y qué relación guardan con el sobrepeso y la obesidad?

A título introductorio, veamos unas cuantas cifras de la OMS: en 2012, 38 millones de personas murieron debido a las conocidas como “enfermedades no transmisibles” o NCDs (del inglés non-communicable diseases), patologías crónicas entre las que se encuentran las enfermedades cardiovasculares, las enfermedades respiratorias crónicas, el cáncer y la diabetes. Impacta el hecho de que, de ese total, casi la mitad (42%) falleció de manera prematura, es decir, antes de los 70 años de edad.


Existe una relación directa entre sobrepeso y obesidad con el riesgo de padecer una NCD. Un individuo de peso normal tiene un Índice de Masa Corporal (IMC) de entre 18 y 25, por lo que definimos sobrepeso como un IMC superior a 25 y obesidad como un IMC superior a 30. Siguiendo con las estadísticas de la OMS, en el año 2013 42 millones de niños menores de 5 años, lo que supone el 6.3%, sufría sobrepeso alrededor de todo el mundo, cifra que ha ido incrementándose con el tiempo ya que en el año 2000 el porcentaje era del 5% y en 2010 del 6%. Dada la tendencia anterior, tememos que seguirá aumentando con el paso de los años si no se pone solución. Así mismo, en 2014 padecieron sobrepeso un 39% de los adultos mayores de 18 años.

Dentro de las NCDs, nos centraremos más específicamente en la diabetes como consecuencia del sobrepeso y la obesidad. En 2012 fue responsable directa de 1.5 millones de muertes y en 2014 afectaba al 9% de la población mundial, lo cual se traduce en más de 422 millones de personas. Es evidente, por tanto, que entre sobrepeso, obesidad y diabetes nos encontramos ante una verdadera epidemia.


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Nota F. Algaba: Mi grupo de investigación en Diabetes y Enfermedades Metabólicas Asociadas (DIAMET) se dedica a estudiar los fenómenos y alteraciones metabólicas que ocurren sobre todo en diabetes y obesidad, por lo que vivo muy de cerca el tema en cuestión al trabajar a diario con la información y estadísticas que aquí se presentan.


¿Qué papel juega la alimentación?

Un consumo excesivo de dietas con un alto contenido en grasas saturadas, grasas trans, azúcares libres y sal, en combinación o no con una insuficiente actividad física, contribuye al desarrollo de sobrepeso, obesidad y diabetes, así como de otras NCDs de manera directa o indirecta. Con azucares libres (free sugars) nos referimos a monosacáridos como la glucosa o la fructosa y a disacáridos como la sacarosa (azúcar de mesa), y es en ellos en los que nos vamos a centrar por los motivos que a continuación se detallan. Estos compuestos abundan en cantidades desorbitadas en las bebidas azucaradas como los refrescos, zumos y néctares que gran parte de la población consume prácticamente a diario y pueden suponer una fuente de calorías totalmente innecesaria que pasa desapercibida.  Por ejemplo, una lata de Coca Cola contiene 35 gramos de azúcar, el equivalente a 9 cucharadas pequeñas (click en la imagen para más detalles).

Modificado de http://carteblanche.dstv.com/

Según el Dr. Francesco Branca, director del Departamento de Nutrición para la Salud y el Desarrollo de la OMS, nutricionalmente hablando las personas no necesitamos ningún tipo de azúcar libre en la dieta. Una sola lata de refresco contiene más del 100% de todos los azúcares libres considerados óptimos por la OMS al día. Las calorías que proporcionan tienen un valor nutricional muy bajo ya que no aportan prácticamente ningún tipo de nutriente (vitaminas, minerales, antioxidantes, etc.). Son las conocidas popularmente como “calorías vacías”. Además, dichos productos suelen ser bastante baratos y accesibles, por lo que esto es particularmente en el caso de niños, adolescentes y jóvenes adultos, propensos consumidores de los mismos.

Sin entrar en detalles ni tecnicismos metabólicos, debemos saber que un exceso de azúcar que nuestro cuerpo no necesita acabará transformándose en ácidos grasos y almacenándose en el tejido adiposo en forma de grasa, lo cual se traduce en un incremento de la masa corporal y favorece la aparición de sobrepeso y, de forma más avanzada, obesidad. Por otro lado, al consumir alimentos o bebidas ricos en azúcares aumenta la glucemia sanguínea, a lo que nuestro páncreas responde secretando insulina para que los diferentes órganos y tejidos que necesiten glucosa puedan utilizarla. Ante una situación de hiperglucemia prolongada, aparte de lo que acabamos de mencionar de la acumulación en forma de grasa, nuestro páncreas puede fallar intentando cubrir el incremento en las necesidades de insulina, lo cual puede desencadenar una desregulación metabólica que conduzca, en última instancia, a padecer diabetes tipo 2. Recordamos que la diabetes por definición es una condición patológica multifactorial desencadenada por la incapacidad del páncreas de producir la cantidad de insulina que el cuerpo necesita, por la resistencia a la acción de la misma para retirar la glucosa plasmática o por la combinación de ambas.


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La obesidad y la diabetes implican, además, un estado crónico de inflamación leve que puede alterar muchas vías metabólicas y producir una gran variedad de complicaciones en diferentes órganos y tejidos, destacando:
  1. Daños visuales: riesgo de ceguera.
  2. Pie diabético: llegando incluso a la amputación.
  3. Enfermedad renal: pudiendo ser necesaria la diálisis o el trasplante de riñón.
  4. Neuropatía: afección de los nervios periféricos que puede derivar en dolor, hormigueo o pérdida de sensibilidad, entre otros. Complicación más prevalente, presente en el 60-70% de las personas con diabetes.
  5. Aterosclerosis: obstrucción de la luz de los vasos sanguíneos comprometiendo la irrigación cardiaca, cerebral, intestinal y de extremidades inferiores.

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Todas estas complicaciones disminuyen muy significativamente la calidad de vida de los pacientes que la padecen y suponen una gran carga económica para el sistema sanitario en general. No hemos de olvidar tampoco los daños psicológicos y sociales que conllevan.


¿Qué podemos hacer al respecto?

Se ha demostrado que un incremento en los impuestos o tasas de ciertos productos influencia nuestro comportamiento como consumidores, por lo que se ha sugerido la intervención económica en determinados alimentos y bebidas azucaradas con el objetivo de mejorar los hábitos dietéticos de la sociedad, reduciendo su consumo y, por tanto, la ingesta excesiva de calorías innecesarias. Es de esperar que dicha propuesta logre su objetivo como se ha demostrado previamente con la reducción en el consumo de tabaco. Con todo ello se pretende conseguir un incremento en la compra de alimentos saludables y una disminución en la adquisición de menos saludables, reduciendo factores de riesgo de padecer una enfermedad no transmisible como el peso corporal, la presión sanguínea o los niveles de colesterol, entre otros. También disminuirá el gasto sanitario que supone el tratamiento de las personas afectadas, pudiéndose destinar ese dinero a políticas adicionales de promoción de la salud.



Cada vez más países se están sumando a esta iniciativa, la cual, como todo gran cambio, suscita mucha polémica entre la población. Pero la realidad es que esto no es nada nuevo: son varios los países, algunos de ellos en Europa, en los que ya se ha implantado una subida de impuestos en diversos alimentos y bebidas con resultados muy prometedores. En todos los casos se ha reducido el consumo de los alimentos y bebidas afectados de forma considerable, reduciendo la mortalidad por NCDs. He aquí los ejemplos más relevantes:

  • Dinamarca implantó un impuesto a los alimentos que contuvieran grasas saturadas en 2011, el cual fue abolido en 2013 por su baja popularidad.
  • En 2014, Ecuador impuso un impuesto en bebidas azucaradas y en alimentos con alto contenido en grasas, azúcar o sal.
  • Desde 2011, Finlandia aplica impuestos especiales sobre dulces, chocolate y bebidas no alcohólicas, los cuales se incrementaron en 2012 y, posteriormente, en 2014.
  • Francia adoptó en 2011 una tasa especial a bebidas que contengan azúcar o edulcorantes añadidos.
  • Hungría, en 2011, impuso un impuesto a alimentos no esenciales que pueden suponer un riesgo para la salud, lo cual se estableció en base al contenido en azúcar, sal y metilxantinas (estimulantes como la cafeína, la teofilina del té o la teobromina del chocolate).
  • México tiene el mayor consumo de bebidas azucaradas del mundo. La prevalencia de obesidad ha alcanzado el 71% en adultos y el 30% entre niños y adolescentes. En 2006, la población con diabetes suponía el 14% del total. Ante estas cifras, en 2014 el gobierno impuso un impuesto especial a todas las bebidas no alcohólicas con azúcar añadido, así como a ciertos alimentos no esenciales con un denso contenido calórico (snacks, chocolate, helados, dulces, etc.).
  • En Estados Unidos, California ha sido el líder en considerar y promover políticas que regulen la venta de bebidas edulcoradas desde 1999. En 2014, la ciudad californiana de Berkeley fue la primera del país donde se aprobó un impuesto especial sobre las mismas. A pesar de entonces la continua oleada de intentos y campañas para imponer tales tasas adicionales especialmente en California pero en general en todo el país ha servido para educar a los consumidores en este ámbito.

Otros países como Filipinas, Reino Unido, Portugal e Irlanda ya han anunciado también su intención de incrementar los impuestos de las bebidas azucaradas en un futuro próximo.

A raíz de lo mencionado anteriormente, la OMS ha publicado el documento “Fiscal policies for diet and prevention of non-communicable diseases” a modo de llamamiento mundial para aplicar intervenciones económicas en bebidas azucaradas dado el buen resultado mostrado en otros países. Concretamente, sugiere un incremento en los impuestos de al menos el 20%. El etiquetado de estos productos con un impuesto adicional deberá servir también para concienciar a los consumidores al asociar la etiqueta con algo potencialmente perjudicial para la salud.

En España la propuesta se lanzó a finales de 2016, a lo que el Gobierno especificó que “irá en la línea de otros países” y que recaudará unos 200 millones de euros en 2017. Actualmente la propuesta se encuentra pendiente de aprobación con los Presupuestos Generales del Estado para 2017. Deberemos esperar todavía un poco más para ver qué consecuencias económicas, sanitarias y sociales desencadena en nuestro país.


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Particularmente, estamos completamente de acuerdo con esta subida de impuestos sobre las bebidas azucaradas si contribuye a disminuir la incidencia de sobrepeso, obesidad, diabetes y, en general, cualquier proceso patológico desencadenado o favorecido por las mismas. Debemos abrir los ojos a la realidad que estamos viviendo y si la única manera de conseguirlo es tocando el bolsillo de los consumidores, que así sea. Para quienes trabajamos en el sector sanitario es verdaderamente alarmante la cantidad ingente de personas que acuden con un problema de salud subsecuente a un exceso de masa corporal, sobre todo niños y adolescentes. Esto debe detenerse. Un cambio a la versión “light” o “zero” puede ayudarnos a seguir disfrutando de nuestra bebida favorita, siempre con moderación y en su justa medida, a pesar de que la tasa especial también afectará a las versiones edulcoradas bajas en calorías.  Así mismo, pensamos que estos productos deberían ser considerados como un capricho puntual (donde esté el agua mineral “que se quite lo demás”). 

No queremos terminar sin promover y aconsejar encarecidamente llevar un estilo de vida saludable, evitando el sedentarismo y practicando ejercicio físico regular. Pero la parte más importante de un estilo de vida saludable es la alimentación, así que ¡Cuidemos lo que comemos y bebemos, que cuerpo solo tenemos uno!



REFERENCIAS

  1. www.who.int/es
  2. www.diamet.org
  3. Taxing caloric sweetened beverages: potential effects on beverage consumption, calorie intake, and obesity. Smith A, Biing-Hwan L, Jonq-Ying L. Economic Research Report number 100, United States Department of Agriculture 2010.
  4. Are taxes on fatty foods having their desired effects on health? Smed S, Robertson A. BMJ 2012; 16;345:e6885
  5. Global action plan for the prevention and control of noncommunicable diseases 2013–2020. OMS report. Génova 2013.
  6. The health benefits of selective taxation as an economic instrument in relation to ischaemic heart disease and nutrition-related cancers. Holm AL, Laursen MB, Koch M, Jensen JD, Diderichsen F. Public Health Nutr, 2013; 16(12):2124–31.
  7. Assessing the potential effectiveness of food and beverage taxes and subsidies for improving public health: a systematic review of prices, demand and body weight outcomes. Powel LM, Chriqui JF, Khan T, Wada R, Chaloupka FJ. Obes Rev. 2013; 14(2):110–28.
  8. Comprehensive implementation plan on maternal, infant and young child nutrition. OMS report. Génova 2014.
  9. Food classification systems based on food processing: significance and implications for policies and actions: a systematic literature review an assessment. Moubarac J-C, Parra DC, Cannon G, Monteiro CA. Curr Obes Rep. 2014; 3(2):256–72
  10. Fiscal Policies for Diet and Prevention of Non-communicable Diseases. OMS Technical meeting report. Génova 2015.
  11. Taxes on sugar-sweetened beverages as a public health strategy: the experience of Mexico. Pan American Health Organization 2015.

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